Mikel Oyarzabal e Iñaki Williams echan un pulso debajo de la señalización de la autopista que une San Sebastián y Bilbao.

«Mi ascenso al primer equipo ha sido rápido, pero el tuyo...»

EIBAR. 11/03/2017 08:41 |0

Hace nada jugaban en juveniles y ahora son compañeros en la selección. «Si nos lo dicen hace unos años...», reflexiona Williams

No habrá muchos jugadores en la Liga que hayan corrido tanto como Williams y Oyarzabal. Solo la irrupción de Griezmann está a la altura de lo que han logrado las dos joyas de Lezama y Zubieta.

La historia de Oyarzabal ya la conocerán. Había terminado la temporada con el equipo juvenil y disfrutaba de los Sanjuanes en junio de 2015 con sus amigos cuando recibió una llamada del club. Tenía que ir a Zubieta a entrenar porque iba a hacer la pretemporada con el primer equipo y debía llegar rodado. Unos días en Obertraun (Austria) fueron suficientes para que aquel desconocido se ganara el respeto del grupo. Fue el mejor en los entrenamientos, el mejor en los amistosos, el mejor en los partidillos, el mejor en los ejercicios de finalización... Y no dejaba de ser un juvenil. Pero pasó el verano y comenzó jugando con el Sanse, con el que marcó tres goles en ocho partidos. Hasta que Moyes, con el agua al cuello, le hizo debutar en Valencia ante el Levante el 25 de octubre de 2015. «A él le debo mucho porque me metió en esto, y a Eusebio también, claro», apunta Oyarzabal. Sin embargo, su debut no tuvo continuidad en los siguientes partidos y dos semanas más tarde Eusebio aterrizaba en la Real. «Le dio media hora ante el Sevilla con 0-0 en el marcador y el triunfo se quedó en casa con goles de Agirretxe y Xabi Prieto. Después fue titular en los dos partidos de Copa ante el Las Palmas, pero en Liga su debut como titular se resistió hasta 2016. Y hasta hoy. «Mi ascenso al primer equipo ha sido rápido, pero el tuyo...», expresa Williams, conocedor al dedillo de la trayectoria del realista.

«Y acuérdate cuando estuvimos en la selección», en mayo del año pasado. «Teníamos una planta en Las Rozas solo para los vascos. Estábamos Aduriz, Lekue, San José, tú y yo», dice Williams. «Luego coincidimos también en la Sub 21, pero yo estuve en la grada, no jugué», apunta Oyarzabal. «Y yo solo tuve cinco minutos», lamenta el jugador del Athletic.

«En la selección teníamos una planta en Las Rozas solo para los vascos», recuerda Williams«A Moyes le debo mucho porque me metió en esto, y a Eusebio también, claro», confiesa Oyarzabal

Los dos formaron parte del grupo de jugadores jóvenes que fueron convocados los amistosos previos a la Eurocopa ya que los seleccionados del Real Madrid y el Atlético se encontraban preparando la final de la Champions. «Si nos lo dicen hace unos años...», reflexiona Williams.

La historia personal del jugador del Athletic tampoco tiene desperdicio. Hijo de la inmigración, representa el cambio, la diversidad. Sus padres, Félix y María Arthuer, se conocieron en el campo de refugiados de Budubaram (Ghana). Los dos huían de la guerra civil en Liberia. Escaparon como pudieron a España. Aterrizaron en Madrid, pasaron por Málaga y acabaron en Bilbao donde María quedó embarazada. A su hijo le bautizaron Iñaki por la relación que la madre tenía con un cura vizcaíno, Iñaki Mardones. Éste le delegó dos cosas: el nombre y su pasión por el Athletic. «Mi padre encontró trabajo en Navarra en la vendimia y en el espárrago, y nos trasladamos cuando yo era un crío a Pamplona, donde sigo teniendo a mi cuadrilla a la que visitó cuando tengo algún día libre», relata.

«Como cualquier chaval» jugaba a fútbol con sus amigos en el barrio obrero de Larrotxapea. Tras despuntar en el club Natación acabó en el Pamplona, un club vinculado al Athletic. Fue en un torneo con la selección de Navarra cuando terminó de convencer a los responsable del Athletic. Estuvo un año yendo y viniendo desde Pamplona a Lezama para entrenarse una vez a la semana. «A eso se suma que estando en Pamplona mi padre se trasladó a trabajar a Inglaterra. Sólo le veíamos tres o cuatro días al año. Así durante siete años. Mi madre tuvo que exprimirse para sacarnos adelante».

Osasuna y Zaragoza se interesaron por él cuando cumplió 18 años, pero el Athletic pudo más. Se trasladó a vivir a la residencia que el club vizcaíno tiene en Derio. Un gol por partido en categoría juvenil, quince más al siguiente y de repente estaba marcando un gol en la final de Copa. «Han sido muchos los jugadores que me han ayudado a asentarme en el primer equipo: De Marcos, Muniain, Gurpegi y Aduriz, entre otros. Estoy encantado. Somos una gran familia».

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